Principios de la filosofía griega: los mitólogos, los misterios, los siete sabios, los poetas
Los inicios de la filosofía griega se encuentran en la propia Grecia:
en los primeros indicios de que la filosofía como tal (o sea como
investigación) se empieza a manifestar en las cosmologías míticas de los poetas,
en las doctrinas de los misterios, en las sentencias de los Siete Sabios y
sobre todo en la reflexión eticopolítica de los poetas. El más antiguo
documento de cosmología mítica entre los griegos es la Teogonía de Hesíodo en
la que ciertamente confluyen antiguas tradiciones. El propio Aristóteles (Met.,
l, 4; 984 b, 29) dice que Hesíodo fue probablemente el primero que buscó el
principio de las cosas al decir: “lo primero de todo fue el caos, después fue
la tierra del amplio seno... y el amor que resplandece entre los dioses
inmortales” (Teog., 166 sigs.). Es de naturaleza filosófica este problema
acerca del estado originario de que han surgido las cosas y de la fuerza que
las ha producido. Pero aunque el problema sea filosófico, la respuesta es
mítica. El caos o abismo bostezante, la tierra, el amor, etc., están
personificados en entidades míticas. Después de Hesíodo, el primer poeta cuya
cosmología se conoce es l'erécides de Siro, contemporáneo de Anaximandro,
probablemente nacido hacia el año 600-596 antes de J. C. Dice que antes de
cualquier cosa y eternamente existían Zeus, Cronos y Ctonos. Ctonos era la
tierra, Cronos el tiempo, Zeus el cielo. Zeus transformado en Eros, o sea en
amor, procede a la construcción del mundo. En este mito aparece por primera vez
la distinción entre la materia y la fuerza organizadora del mundo. Una ulterior
afirmación de la exigencia filosófica se nota en la religión de los misterios
difundidos por Grecia a principios del siglo Vl antes de J.c. Pertenecieron a
esta religión el culto a Dionisos, procedente de Tracia, el culto a Demeter
cuyos misterios se celebraban en Eleusis y especialmente el orfismo. También el
orfismo se dedicaba al culto de Dionisos, pero atribuía a una revelación el
origen de la autoridad religiosa y estaba organizado en comunidad. Dicha
revelación correspondía al tracio Orfeo que había descendido al Hades; y el fin
de los ritos celebrados 'por la comunidad consistía en purificar el alma de los
iniciados para sustraerla a la “rueda de los nacimientos", es decir, a la
transmigración por los cuerpos de otros seres vivos. La enseñanza fundamental
que contiene el orfismo es el concepto de la ciencia y en general de la
actividad del pensamiento como camino de vida, o sea como una investigación que
conduce a la verdadera vida del hombre. De este mismo modo debía después
entender y practicar la filosofía Platón, que en el Fedón se vincula
explícitamente a las creencias órficas. Junto al primer centelleo de la
filosofía en la cosmología mítica y en los misterios está la primera
manifestación de la reflexión moral en la leyenda de los Siete Sabios. l3ay
diversas enumeraciones de los mismos entre los escritores antiguos, pero cuatro
de ellos, Tales, Biantes, Pítaco y Solón están comprendidos en todas las
listas. Platón, que los enumeró primero, añade C: leóbulo, Misón y Quilón a
esos cuatro (Prot., 343 a). Se les atribuían agudezas) sentencias morales
(Conócete a ti mismo, De nada demasiado, Es difícil ser bueno, etc.) que
pertenecen a la sabiduría práctica popular, pero preludian i a la verdadera y
propia indagación sobre la conducta del hombre. No es casualidad que el primero
de los Siete Sabios, Tales, sea también el primer representante verdadero y
propio de la filosofía griega. Pero el clima en que pudo nacer y florecer la
filosofía griega fue preparado por la poesía. La reflexión moral de los poetas
elaboró en Grecia aquellos conceptos fundamentales que habían de servir a los
filósofos para la interpretación del mundo. El concepto de una ley que da
unidad al mundo humano se encuentra por primera vez en Homero. La Odisea está
totalmente dominada por la fe en una ley de justicia, de la cual los dioses son
custodios y garantes, ley que determina en los acontecimientos humanos un orden
providencial, gracias al que el justo triunfa y el injusto es castigado. En
Hesíodo esta ley se personifica en Dike, hija de Zeus, que está sentada junto a
su padre y vela para que sean castigados los hombres que comenten injusticias.
La infracción a esta ley aparece en el mismo Hesíodo como arrogancia (hybris)
debida al desenfreno de las pasiones y en general a fuerzas irracionales: así
la califica el propio Hesíodo (Obras y días 252 sigs., 267 sigs.) y también
Arquíloco (fr. 36, 84), Mimnermo (fr. 9, 10) y Teognis (vv. 40, 44, 291, 543,
ll03). Solón afirma con gran energía la infalibilidad del castigo que aflige a
quien infringe la norma de la justicia, sobrela cual se asienta la vida social:
incluso cuando el culpable se sustrae al castigo, éste recae infaliblemente
sobre sus descendientes. El aparente desorden de los acontecimientos humanos,
gracias al cual la Moira o fortuna parece herir también a los inocentes, se
justifica, según Solón (fr. 34), por fa necesidad de encerrar dentro de justos
límites a los inmoderados deseos humanos y de alejar al hombre de cualquier
exceso. Así que la ley de justicia es también norma de mesura, y Solón expresa
en un fragmento famoso (fr. 16) la convicción moral más arraigada en los
griegos: “La cosa más difícil de todas es alcanzar la invisible medida de la
sabiduría, la única que encierra en sí los límites de todas las cosas”.
Finalmente, Esquilo es el profeta religioso de esta ley universal de justicia,
cuyo triunfo trata de expresar su tragedia. Así, antes de que la filosofía
descubriese y justificase la unidad de la ley subyacente en la dispersa
multiplicidad de los fenómenos naturales, la poesía griega había descubierto y
justificado la unidad de la ley inmanente en los aparentemente desordenados y
mudables acontecimientos de la vida social humana. Como veremos, la
especulación de los primeros físicos no ha hecho más que buscar en el mundo de
la naturaleza aquella misma unidad normativa, que los poetas habían rastreado
en el mundo de los hombres.
Filosofía
antigua - Filosofía patrística - Filosofía escolástica
Traducción de Juan ESTELRICH
J. PEREZ BALLESTAR
NICOLÁS
ABBAGNANO
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